
Yo uso mi escafandra, cuando el mundo huele mal !
Soledad, me majás los talones,
perseguís mis pasos y la estela de aire que les sigue.
Aparecés inminente, sin tocar. Observando minuciosa,
Cómo tejo con materias y aromas, placebos.
Escondés las bolsas de té, un zapato, las llaves de mi burbuja portable,
y en las noches, cuando estoy harta de esta relación autocrática ,
1.
El metal laminado se extiende,
la soledad aprieta ! sus víceras se retuercen,
su apetito es voraz, de metal !
Y yo, telescopio en mano, miro a lo lejos por el tiempo,
días azules de verde incandescente y largas trenzas,
alimentando hormigas con la merienda,
mirando los vehículos pasar ida y vuelta,
buscando ríos, a la orilla del pavimento.
2.
Estás !
diferente el rostro, igual la incertidumbre,
Generación Espontánea !
De flores.
3.
Los verdes incandescentes se pierden,
detrás de estos bloques de concreto, que -como hormigueros-
escudan la imperfecta raza de semi dioses.
Estereotipos se estampan en cubiertas de algodón,
etiqueta en mano, caminamos por círculos viciosos,
mientras tanto, cápsulas monomotores, que escupen CO2,
siguen órbitas recurrentes y absurdas.
4.
Ida y vuelta voy, -por caminos hostiles-,
apurado el paso, apurado el tiempo,
el sol vuela lado a lado - a mil revoluciones-.
caen las hojas del calendario -en otoño perpetuo-,
... Por suerte están sus ojos, que me sostienen como un ancla !
y quieto el crepúsculo gotea,